Es tu luz, la vida del recuerdo que aviva mi carne... la mágia de un instante que renace y se posa en mi ombligo...
Es tu luz, el leño entre la hoguera, mis alas en las ganas, de volar cual mariposa saliendo de su capullo susurrándote al oído palabras que salpican semen de orgasmos y placers.
Luna "cincelada entre tus manos con tu pasión infinita." |
jueves, 29 de septiembre de 2011
Luz
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erótismo y murmullos
Eres
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erótismo y murmullos
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Mareas de Ternura
Haré que la ternura te llegue entre las olas
y que el rocío del alba jamás te encuentre a solas,
que la espuma te arrulle dormido entre mis brazos
y ser como la espuma besándote los labios.

Luna
"Vestida de plata con la seda de mi Luna, filtrandome entre ecos y murmullos en las particulas del viento"
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Entre mareas de ternura
martes, 8 de marzo de 2011
Las Mujeres de mi generación
A todas las mujeres fabulosas que tenemos el gusto de existir!

Las mujeres de mi generación abrieron sus pétalos rebeldes de rosas, camelias, orquídeas y otras yerbas, de saloncitos tristes, de casitas burguesas, de costumbres añejas, sino de yuyos peregrinos entre vientos.
Porque las mujeres de mi generación florecieron en las calles, en las fábricas se hicieron hilanderas de sueños, en el sindicato organizaron el amor según sus sabios criterios.
Es decir, dijeron las mujeres de mi generación, a cada cual según su necesidad y capacidad de respuesta, como en la lucha golpe a golpe, en el amor beso a beso.
Y en las aulas argentinas, chilenas o uruguayas, supieron lo que tenían que saber, para el saber glorioso de las mujeres de mi generación.
Minifalderas en flor de los sesenta, las mujeres de mi generación no ocultaron ni las
sombras de sus muslos, que fueron los de Tania.
Erotizando con el mayor de los calibres los caminos duros de la cita con la muerte.
Porque las mujeres de mi generación, bebieron con ganas del vino de los vivos, acudieron a todas las llamadas y fueron dignas en la derrota.
En los cuarteles las llamaron putas y no las ofendieron, porque venían de un bosque de sinónimos alegres: minas, grelas, percantas, cabritas, minones, gurisas, garotas, jevas, zipotas, viejas, chavalas, señoritas.
Hasta que ellas mismas escribieron la palabra Compañera, en todas las espaldas y en los muros de todos los hoteles.
Porque las mujeres de mi generación nos marcaron con el fuero indeleble de sus uñas la verdad universal de sus derechos.
Conocieron la cárcel y los golpes, habitaron en mil patrias y en ninguna, lloraron a sus muertos y a los míos como suyos, dieron calor al frío y al cansancio deseos, al agua sabor y al fuego lo orientaron por un rumbo cierto.
Las mujeres de mi generación parieron hijos eternos, cantando Summertime les dieron teta, fumaron marihuana en los descansos, danzaron lo mejor del vino y bebieron las mejores melodías.
Porque las mujeres de mi generación, nos enseñaron que la vida no se ofrece a sorbos, compañeros, sino de golpe y hasta el fondo de las consecuencias.
Fueron estudiantes, mineras, sindicalistas, obreras, artesanas, actrices, guerrilleras, hasta madres y parejas en los ratos libres de la Resistencia.
Porque las mujeres de mi generación, sólo respetaron los límites que superaban todas las fronteras.
Internacionalistas del cariño, brigadistas del amor, comisarias del decir te quiero, milicianas de la caricia.
Entre batalla y batalla, las mujeres de mi generación lao dieron todo y dijeron que eso apenas era suficiente.
Las declararon viudas en Córdoba y en Tlatelolco, las vistieron de negro en Puerto Montt y Sao Paulo, y en Santiago, Buenos Aires o Montevideo, fueron las únicas estrellas de la larga noche clandestina.
Sus canas no son canas, sino una forma de ser para el quehacer que les espera.
Las arrugas que asoman en sus rostros, dicen he reído y he llorado y volvería a hacerlo.
Las mujeres de mi generación, han ganado algunos kilos de razones que se pegan a sus cuerpos, se mueven algo más lentas, cansadas de esperarnos en las metas.
Escriben cartas que incendian las memorias.
Recuerdan aromas proscritos y los cantan.
Inventan cada día las palabras y con ellas no empujan, nombran las cosas y nos amueblan el mundo.
Escriben verdades en la arena y las ofrendan al mar.
Nos convocan y nos paren sobre la mesa dispuesta.
Ellas dicen pan, trabajo, justicia, libertad, y la prudencia se transforma en vergüenza.
Las mujeres de mi generación son como las barricadas: protegen y animan, dan confianza y suavizan el filo de la ira.
Las mujeres de mi generación son como un puño cerrado, que resguarda con violencia la ternura del mundo.
Las mujeres de mi generación no gritan, porque ellas derrotaron al silencio.
Si algo nos marca, son ellas.
La identidad del siglo, son ellas.
Ellas: la fe devuelta, el valor oculto en un panfleto, el beso clandestino, el retorno a todos los derechos.
Un tango en la serena soledad de un aeropuerto, un poema de Gelman escrito en una servilleta, Benedetti compartido en el planeta de un paraguas, los hombros de los amigos guardados con ramitas de lavanda.
Las cartas que hacen besar al cartero, las manos que sostienen los retratos de mis muertos, los elementos simples de los días que aterran al tirano, la compleja arquitectura de los sueños de tus nietos.
Lo son todo y todo lo sostienen, porque todo viene con sus pasos y nos llega y nos
sorprende.
No hay soledad donde ellas miren, ni olvido mientras ellas canten, intelectuales del instinto, instinto de la razón, prueba de fuerza para el fuerte y amorosa vitamina del débil.
Así son ellas, las únicas, irrepetibles, imprescindibles, sufridas, golpeadas, negadas pero invictas mujeres de mi generación.
Luis Sepúlveda, 1999
Las mujeres de mi generación parieron hijos eternos, cantando Summertime les dieron teta, fumaron marihuana en los descansos, danzaron lo mejor del vino y bebieron las mejores melodías.
Porque las mujeres de mi generación, nos enseñaron que la vida no se ofrece a sorbos, compañeros, sino de golpe y hasta el fondo de las consecuencias.
Fueron estudiantes, mineras, sindicalistas, obreras, artesanas, actrices, guerrilleras, hasta madres y parejas en los ratos libres de la Resistencia.
Porque las mujeres de mi generación, sólo respetaron los límites que superaban todas las fronteras.
Internacionalistas del cariño, brigadistas del amor, comisarias del decir te quiero, milicianas de la caricia.
Entre batalla y batalla, las mujeres de mi generación lao dieron todo y dijeron que eso apenas era suficiente.
Las declararon viudas en Córdoba y en Tlatelolco, las vistieron de negro en Puerto Montt y Sao Paulo, y en Santiago, Buenos Aires o Montevideo, fueron las únicas estrellas de la larga noche clandestina.
Sus canas no son canas, sino una forma de ser para el quehacer que les espera.
Las arrugas que asoman en sus rostros, dicen he reído y he llorado y volvería a hacerlo.
Las mujeres de mi generación, han ganado algunos kilos de razones que se pegan a sus cuerpos, se mueven algo más lentas, cansadas de esperarnos en las metas.
Escriben cartas que incendian las memorias.
Recuerdan aromas proscritos y los cantan.
Inventan cada día las palabras y con ellas no empujan, nombran las cosas y nos amueblan el mundo.
Escriben verdades en la arena y las ofrendan al mar.
Nos convocan y nos paren sobre la mesa dispuesta.
Ellas dicen pan, trabajo, justicia, libertad, y la prudencia se transforma en vergüenza.
Las mujeres de mi generación son como las barricadas: protegen y animan, dan confianza y suavizan el filo de la ira.
Las mujeres de mi generación son como un puño cerrado, que resguarda con violencia la ternura del mundo.
Las mujeres de mi generación no gritan, porque ellas derrotaron al silencio.
Si algo nos marca, son ellas.
La identidad del siglo, son ellas.
Ellas: la fe devuelta, el valor oculto en un panfleto, el beso clandestino, el retorno a todos los derechos.
Un tango en la serena soledad de un aeropuerto, un poema de Gelman escrito en una servilleta, Benedetti compartido en el planeta de un paraguas, los hombros de los amigos guardados con ramitas de lavanda.
Las cartas que hacen besar al cartero, las manos que sostienen los retratos de mis muertos, los elementos simples de los días que aterran al tirano, la compleja arquitectura de los sueños de tus nietos.
Lo son todo y todo lo sostienen, porque todo viene con sus pasos y nos llega y nos
sorprende.
No hay soledad donde ellas miren, ni olvido mientras ellas canten, intelectuales del instinto, instinto de la razón, prueba de fuerza para el fuerte y amorosa vitamina del débil.
Así son ellas, las únicas, irrepetibles, imprescindibles, sufridas, golpeadas, negadas pero invictas mujeres de mi generación.
Luis Sepúlveda, 1999
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Murmullos que me envuelven
martes, 11 de enero de 2011
Sucede
Sucede que esta noche no quisiera que mis manos
añorasen un refugio entre tus dedos.
Sucede que las alas que se baten incapaces
en el aire pierden fuerza en el vacío
del silencio.
Sucede que me aterra que nos quede un solo sueño
olvidado en el tintero;…no quisiera cualquier día
escribir un verso triste en su recuerdo.
Sucede que las horas van prendidas a un reloj
que se ha parado en el momento en que mi boca
ya no puede despedirse de tu beso.
Sucede que la mágia ha impregnado mis caricias
de misterio, las palabras cobran vida,
y en un rastro de ternura dibujado con saliva
voy tallando los lunares de mi espalda hasta tu pecho.
Sucede que amanezco deseando luna nueva
cielo raso, noche oscura, que respires de mi sed,
que desates el cordón de mi impaciencia
y que plantes otra estrella en mi universo….
Luna
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“Sucédeme'"
sábado, 4 de diciembre de 2010
En espera del cielo
Me cala tu ausencia en esta noche fría. El viento va penetrando las hondas hendiduras que anoche dejaron tus huellas.
Me invade la tristeza, saboreo la acídez que provova la soledad en ésta noche fría.
Mi cama clama la cálidez de tu espalda a media noche, mi cuna en éstas noches pasadas, en donde el mundo se define en la curvatura de tu espalda y las mieles surcan mis muslos después de la marea enfurecida causada por tus embestidas en mi playa al ritmo de pasión que vivimos en noches pasadas.
Te necesito, necesito pasar las yemas de mis dedos por cada centímetro de tu espalda.
Conservo la sensación de esos instantes a flor de piel.
Recorro a diario la huella valiente de cada uno de los pasos que ese día vencierón la distancia que separaba nuestras vidas, porque fue en ese momento tan fugaz, que supe que mi corazón no estaba muerto sino dormido esperando recuperar el rumor de un latido, tan ausente del tiempo, que ni siquiera podía retenerse en la memoria.
Acudo a menudo los minutos en tu cuerpo para alimentar a las mariposas que anidan en mi regazo, adictas a una ternura que exige dosis constante de ti.
Y se me derraman los recuerdos en palabras que nacen sin esfuerzo ni dolor, para ser prosa o poesía con la misma delicadeza con que tus ojos las susurran a mis labios.
Los sueños de ayer son planes de presente, porque del futuro únicamente esperamos que nos siga sorprendiendo, juntos.
Busco en la oscuridad de mi cielo ese lugar especial en donde perderme, pero hoy pero no preciso viajar lejos para hallar lo que deseo, si tropiezo en tu regazo... ya me basta para tocar el cielo
Sin embargo, caen lágrimas de Luna desde el cielo, y he puesto lluvia para que nos sirva de puente al arco iris; el otoño vestido de nieve será el encuadre perfecto para un abrazo interminable, y la luna permanecerá apagada esta noche, así, en completa oscuridad podremos plantar nuevas estrellas y bautizar constelaciones con el nombre de los deseos cumplidos.
Rindo mi piel a tus dedos de músico con una sola condición, debes componer sobre ella la melodía más dulce que puedas tararear con el alma, para que yo luego la pueda ensayar en tu cuerpo. Quizá mis manos vibren de una forma extraña amor, porque el caso es que todavía... tiemblo al esperarte.
A.
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En tu espera,
necesidad en esta noche fría
sábado, 27 de noviembre de 2010
Instante; recuerdo
Hoy, mi cuerpo se estremeció ante el recuerdo de tu mirada….
sentí una sacudida como cuando la tierra es azotada levemente
por un sismo…
Hoy, al recordarme reflejada en la luz de tu ojos, no pude evitar sonreir.
Mi piel lo percibio, pues hizo que mi cuerpo vibrara ante el roce de tu recuerdo…
Cuando postrado sobre mi en aquella cama me veias y me recorrias sin desprender
de mi tus ojos….¿Aún me queman tus palabras, esa suave letania que pronunciaste
una y mil veces, haciendome perder la cordura, tocando el éxtasis de la locura…
Recuerdo el destello de ternura que se asomaba y ese deseo
que se mezclaba y se salpicaba de dulzura y picardia.
Un hombre y una mujer en celo, carne en fuego, hambrientos uno del otro.
Debí adorarte como nunca en ese instante.
Fuí tierra fertil en tu cuerpo y tu haraste con euforia los campos de mi cuerpo,
fuí vólcan, tu la lava, fuiste complice y testigo de como morí y renací en tu cuerpo
al compás de tus besos y al dominio de tus caricias traviesas suaves y prohibidas,
siendo causantes de mi pase a la gloria…
Cuánto tiempo ha pasado, mil ocasos han nacido y han agonizado..
Mil lunas quizá, pero ninguna ha brillado como aqulla noche
donde su mágia, su esplendor y su belleza las encontre en las estrellas de tus pupilas…
en la pasión y el amor de dos cuerpos que se amaron bajo su brillo y redondez….
Ahora entre mis manos la noche palpita,
trae el olor de tu piel que sin tiempo reverdece
y abraza los silencios de mi desnudez…
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envuelta en el instante de un recuerdo
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